Mi camino entre fogones: de la herencia morelense al amor por la gastronomía nayarita

Los primeros fogones: una herencia familiar

Mi historia en la gastronomía no comenzó en Nayarit, sino mucho antes, en mi tierra natal: Morelos. Ahí crecí entre los restaurantes de mi familia, en medio de mesas llenas, cocinas encendidas y el aprendizaje invaluable que solo se obtiene observando a quienes han dedicado su vida a alimentar a otros. Desde niña entendí que la cocina era más que un oficio: era una herencia, una forma de ver el mundo y un puente para conectar con las personas.

La inspiración que marcó mi camino

Mi padre fue —y sigue siendo— una inspiración fundamental. Su visión, su pasión por la buena comida y su entrega absoluta al trabajo restaurantero marcaron mi propio camino. Él me enseñó que la gastronomía requiere disciplina, creatividad y amor, y que, cuando se cocina con el corazón, se honra la historia familiar. Esa semilla creció en mí y hoy es la base de todo lo que hago.

El encuentro con la cocina viva nayarita

Con los años, la vida me llevó a conocer otras cocinas, otras tradiciones y otros territorios. Y fue así como llegué a enamorarme profundamente de la gastronomía nayarita, un universo lleno de sabor, identidad y fuerza cultural. Aunque mis raíces están en Morelos, mi trayectoria me ha permitido abrazar con respeto y sensibilidad la riqueza culinaria de Nayarit.

En este estado descubrí que la cocina también es mar, montaña, maíz nativo y tradiciones vivas. Aprendí que un pescado zarandeado cuenta una historia costera tan poderosa como la de cualquier platillo que conocí en mi infancia; que una cocinera tradicional puede enseñarte tanto como un libro; y que cada comunidad guarda un legado gastronómico que merece ser celebrado.

Platillos que definen una identidad

La gastronomía nayarita me conquistó porque es vasta, auténtica y profundamente regional. Entre sus platillos tradicionales destacan:

• Pescado zarandeado, emblema de sabor y técnica ancestral.
• Camarones embarazados, sencillos pero llenos de identidad.
• Ceviches de sierra y camarón, frescos y representativos de la costa.
• Tlaxtihuil, una preparación ceremonial huichola hecha a base de masa y chile.
• Pollo o cerdo con pipián, elaborado con semillas tostadas y técnicas indígenas.
• Tamales de camagua, una joya de la cocina serrana.
• Albóndigas de camarón, tradicionales en zonas costeras.
• Chicharrón de pescado, crujiente y muy popular en las comunidades ribereñas.
• Tostadas de chicales, elaboradas con garbanzos tiernos y chile.
• Sopes, atoles y antojitos con maíz nativo, herencia viva de los pueblos originarios.
• Café de altura y pan ranchero de la sierra nayarita.
 

Cada platillo revela la creatividad, la memoria y la fuerza cultural de este estado. Y, para mí, hablar de ellos es también honrar mis raíces restauranteras, mi formación y la trayectoria que he construido con orgullo.

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Cocinar la propia historia a través de la herencia

Hoy llevo conmigo dos historias: la herencia familiar que viene de Morelos y la pasión que he desarrollado por este estado que me ha recibido con los brazos abiertos. Conservo la visión que heredé de mi padre, la vocación forjada en los restaurantes de mi familia y el profundo respeto por las tradiciones culinarias de Nayarit. Desde ese cruce de historias, me siento comprometida a promover, proteger y compartir la riqueza de la cocina regional con autenticidad y orgullo.

Porque, al final, la gastronomía es eso: una suma de raíces, experiencias y sabores que nos construyen. Y yo, desde mis dos hogares —Morelos y Nayarit—, sigo cocinando mi propia historia.

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