Vivir Sin Miedo
Vida y muerte en una ola
La muerte puede ser una idea abstracta o una realidad profunda, según la perspectiva de cada personalidad. El “surfer”, ese personaje que parece perfecto invita a cuestionarnos: ¿Qué hay detrás de su manera de ver la vida? ¿Es la existencia entre olas o un pacto permanente con la muerte? ¿Es “amor y paz” solo un lema o, más bien, un emblema de vida?
El surf: un refugio para la mente
Las costas, con sus playas paradisíacas y su mezcla sensualmente armoniosa entre turistas y locales, han sido testigo del nacimiento de diversas prácticas deportivas.
El surf, un deporte de exigencia física y técnica, actúa en sinergia con el bienestar: tiene la capacidad de liberarte de pensamientos dispersos y emociones que nublan la mente.
Olas, traje de baño, tabla y acción: el cuarteto necesario para activar esta experiencia que nació en playas hawaianas, donde en su origen solo los más adinerados tenían acceso.
Hoy, desde el Pacífico mexicano hasta el mar Cantábrico, han evolucionado las tablas, los oleajes y el desarrollo económico —a veces solo aparente— de sus comunidades.
Aquí, en el mar, perderte en tus pensamientos está prohibido. La vida se vive en paz y en apreciación natural.
Champs: un hijo del mar de Zicatela
“Champs”, un joven originario de Santa María Colotepec y ahora habitante orgulloso de Zicatela, “la capital mexicana del surf”. Su manera de caminar frente al mar transmite una calma extraña; una mezcla de respeto y atrevimiento.
Intrépido y aventurero, recuerda con una sonrisa:
“Mi madre entró en pánico cuando le dije que intentaría surfear en una de las playas más peligrosas del mundo: Playa Zicatela.”
Mientras observa el horizonte, agrega:
“Aquí no hay espacio para distraerte. El mar te exige estar completo: mente, cuerpo y corazón”.
Zicatela es magnífica para sentir la vibra y la adrenalina de tomar el famoso tubo, como si fuera un capítulo de Rocket Power.
El reto consiste en guardar silencio ante tu voz interna y tener la técnica y coordinación perfectas en el momento exacto en que la ola se convierte en una muralla espumosa de dos hasta diez metros de altura.
Mucho más que un estilo hippie
Sobre esa cultura surf muchas veces malentendida, Champs explica:
“La gente cree que ser surfer es andar de hippie, pero no. El surf te enseña a respetar el mar, a cuidarlo, a entender que cada ola es un regalo. Aquí crecimos defendiendo nuestras playas, como pasó en Punta Colorada.”
“Los que se aferran a la muerte, viven”, dijo John Wick. Esta mentalidad acompaña también al surfista. Pensar demasiado una ola puede costarte la vida en segundos. Muy parecido a la existencia misma, ¿no?
Cuando el cuerpo está en equilibrio —bien estar, bien pensar, bien sentir, bien tener— las decisiones se toman desde la conciencia.
El mar, en su inmensidad, es capaz de provocar una conexión peligrosamente adictiva.
Champs lo resume con una honestidad casi brutal:
“Si piensas de más, la ola te gana. Igual que en la vida. Mejor sentirla, fluir y confiar.”
Mirar la vida desde la cresta
La felicidad de un momento se define por su intensidad y por la capacidad de disfrutarlo.
Quizá, si cada decisión de nuestro caos cotidiano se mirara desde los ojos de un surfista, la vida sería un vaivén arrollador lleno de emoción y felicidad.