Sanando el alma con la Medicina Ancestral
Un testimonio íntimo sobre la pérdida, el colapso emocional y el camino de sanación interior que comenzó cuando el cuerpo y el alma pidieron ser escuchados.
El dolor que marcó un antes y un después
Nunca imaginé que el dolor me llevaría a un camino de sanación tan profundo.
Durante la pandemia por COVID-19 atravesé una de las etapas más difíciles de mi vida: viví dos pérdidas muy importantes que me dejaron emocionalmente fracturada. En ese momento no sabía cómo seguir; solo sentía que algo dentro de mí se había roto.
En medio de ese duelo se me presentó la oportunidad de estudiar una licenciatura en la UNAM en modalidad en línea. Decidí tomarla con la intención de distraerme, de olvidarme por momentos del dolor que cargaba. Me refugié en el estudio y comencé a exigirme más allá de mis propias posibilidades.
Cualquier crítica, ya fuera de mis profesores o de mi familia, me afectaba profundamente. Mis emociones estaban por los suelos; no le encontraba sentido a nada. Todo me parecía mal, todo lo veía oscuro. Incluso mi mente comenzaba a crear escenarios que no existían.
Cuando el cuerpo y el alma colapsan
Durante mucho tiempo me engañé creyendo que podía ocultar el dolor detrás del estudio, pero la verdad es que nunca lo logré.
Llegó un momento en el que sentí que mi cuerpo colapsaba, como si mi alma reclamara atención, pidiéndome despertar y encontrarle un sentido verdadero a la vida. Ese colapso fue, sin saberlo, el inicio de algo nuevo
El inicio de la búsqueda interior
Fue entonces cuando comencé a buscar medios y métodos que me ayudaran a sanar.
Un día, “por causalidad”, alguien me recomendó ver una película. A través de ella descubrí que existe algo superior con el poder de sanar. Esa experiencia despertó en mí el interés por iniciar una búsqueda interior más profunda.
Comencé a leer libros de autoayuda, a escuchar audiolibros, a ver películas y series relacionadas con la medicina tradicional. Poco a poco, mi mirada empezó a cambiar.
Empecé a tomar talleres y cursos enfocados en la sanación emocional: trabajé las heridas del alma, rescaté partes olvidadas de mi ser, sané a mi niña interior, trabajé la relación con papá y mamá, y también realicé procesos de sanación con mis ancestros a través de constelaciones familiares, entre otras herramientas.
Mi sed de sanación era cada vez más profunda. Sentía que necesitaba ir más allá, y fue así como decidí involucrarme de lleno en la medicina tradicional.
Mis primeros encuentros con la medicina ancestral
Mi primera experiencia con la medicina tradicional [1] lo caracterizo como un proceso doloroso, pero al mismo tiempo revelador. Pude ver morir a mi ego; atravesé la oscuridad y, después, encontré la luz. Comprendí que para sanar también es necesario soltar.
En una segunda experiencia, después de iniciar el proceso, todo fue distinto. Viví un proceso armonioso que me fascinó profundamente. Sentí cómo mis ancestros se conectaban conmigo, cómo los cuatro elementos me abrazaban y me sostenían. Fue una vivencia llena de amor.
La experiencia más simbólica y transformadora
La tercera vez que experimenté la medicina ancestral, tras el inicio del proceso, la experiencia fue aún más nítida y profundamente simbólica.
Mis ancestros se presentaron ante mí a través de los cuatro elementos. La tierra apareció en forma de una piedra brillante y armoniosa, que para mí representaba a mi abuelo paterno. El sonido del agua era mi abuela paterna, susurrándome que no temiera a lo que los demás dijeran de mí. El fuego representaba a mi abuelo materno, quien me decía que no tuviera miedo al calor. El viento, que tocaba suavemente mi espalda, era mi abuela materna.
También se presentó una serpiente ante mí. Para mí, simbolizaba la traición, el miedo y la transformación. En ese momento comprendí que, aunque la traición existe, no debía temerle; por el contrario, debía transformarla en una oportunidad para la evolución de mi ser.
Integrar la sanación y volver a la luz
Toda la experiencia que viví durante este proceso de sanación es difícil de explicar con palabras, pero fue profundamente sanadora para mi cuerpo, mi mente y mi alma. La medicina ancestral me ha regalado tranquilidad y una paz interior que antes no conocía.
Hoy entiendo que es necesario dejar morir al ego para volver a ver la luz, aun cuando ese proceso duela. Ver la luz, para mí, significa encontrarle sentido y sabor a la vida.
[1] Nota Editorial: La medicina ancestral, entendida como un proceso ceremonial de introspección profunda, ha sido utilizada por distintas culturas como un camino de sanación espiritual.